Se cumplen treinta años del femicidio de María Soledad Morales en Catamarca, víctima de “los hijos del Poder”

Nacionales 06 de septiembre de 2020 Por Redacción1
maria soledad

El monolito blanco, con una placa de bronce, situado junto a la ruta 38, a seis kilómetros del centro de San Fernando del Valle de Catamarca, ahora está un poco descuidado y un grupo de vecinos lo está remozando para recordarla.

Allí, hace 30 años, apareció semidesnudo el cadáver de María Soledad Morales. Había sido asesinada y violada. Le habían inyectado cocaína para someterla. Tenía una triple fractura del maxilar y no se distinguía su rostro. Su padre reconoció a la chica, de 17 años, apenas por una vieja cicatriz, de tres centímetros, que tenía en una muñeca. Estaba boca abajo, con una polera negra en el cuello, el corpiño en un brazo y un solo zoquete negro en el pie izquierdo.

El asesinato ocurrido el 8 de septiembre de 1990, hizo visibles los femicidios cuando esa categoría criminal todavía no existía en los códigos y provocó un quiebre en Catamarca: un cambio de gobierno, un golpe inesperado a décadas de poder feudal de los Saadi, la intervención federal de los tres poderes de la provincia y el despertar de una sociedad que, a través de las marchas del silencio, desafió el miedo y se reveló.

Así.desde este lunes y hasta el jueves, se realizará la Semana de María Soledad, organizada por la Red Infancia Robada- Foro Catamarca. Se harán charlas y misas difundidas por zoom, y también se instalarán bancos de color rojo en espacios verdes, para denunciar en forma simbólica los femicidios ocurridos en todo el país.

El cuerpo de la joven fue hallado el lunes 10 de octubre, a las nueve y media de la mañana, en una zona conocida como Parque Daza, a siete kilómetros de la ciudad. Se comprobó que el cuerpo había sido lavado para borrar las huellas de los responsables de la violación seguida de muerte.

Un colectivero declaró haber visto cómo tres hombres arrojaban el cuerpo en ese lugar. Nunca se supo la identidad de ninguno de ellos. Al cadáver le habían arrancado parte del cabello, las orejas y un ojo. El primer juicio oral se hizo en 1997, pero fue suspendido cuando las cámaras de la televisión nacional registraron los gestos que realizaba uno de los miembros del tribunal, Juan Carlos Sampayo. El segundo juicio finalizó el 27 de febrero de 1998, con las condenas de Luque y Tula. El tribunal ordenó investigar el encubrimiento, pero la causa prescribió sin condenas. 

 En el segundo juicio se dio por probado que había sido drogada, violada y asesinada. Dos fueron los condenados, pero se supone que fueron más hombres los que participaron de un crimen que conmocionó al país y que provocó la caída del entonces gobernador de la provincia, Ramón Saadi.

Su asesinato hizo visibles los femicidios cuando esa categoría criminal todavía no existía en los códigos y provocó un quiebre en Catamarca: un cambio de gobierno, un golpe inesperado a décadas de poder feudal de los Saadi, la intervención federal de los tres poderes de la provincia y el despertar de una sociedad que, a través de las marchas del silencio, desafió el miedo y se reveló. Hoy, sigue a flor de piel la grieta entre saadismo y antisaadismo, ahondada por un crimen que trascendió las fronteras de la provincia y paralizó a un país.

Por el asesinato, fueron condenados, a 21 años, Guillermo Luque, hijo de un diputado nacional, y a nueve años, Luis Tula, acusado de haber sido quien entregó a María Soledad para que terminara sus días en una fiesta sexual de drogas y alcohol, en la que hubo otros participantes que nunca fueron identificados ni alcanzados por la Justicia.

Todavía hoy la sociedad catamarqueña desconfía de esa sentencia y cuestiona que no se haya llegado a un total esclarecimiento del caso.

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