"Si el gobierno pretende dar vuelta el resultado, no puede correr el riesgo de leer mal los motivos"

Opinión Por Dihcar Labina
En una elección el pueblo se expresa. Algo dice. Nos guste o no, estemos de acuerdo o no con lo que dice. Pero algo dice. Y resulta indispensable tratar de escuchar no solamente qué dice, sino también qué quiere decir eso que expresa. Porque los datos son incuestionables, los significados quizás no
puñal de papel

No es sensato que, si nos reconocemos como democráticos, reconozcamos los resultados electorales cuando nos gustan y los rechacemos cuando no nos gusten, porque la Democracia se basa en el "equilibrio del poder". Pero, sin duda, eso no impide que haya resultados que nos resulten más gratos que otros. 

Sacar conclusiones erróneas de qué quieren decir los resultados de los últimos comicios, suele llevar a extraer propuestas o soluciones también falsas.

Así, los recientes resultados de las PASO, que a "Unos y Otros", resultaron sorprendentes. Y, en ocasiones, esto permite estar en total acuerdo o desacuerdo de como se presentan los guarismos en los medios de comunicación.

Escuchar respuestas simples que responsabilizan a “A” o a  “B” de lo ocurrido, aunque tenga parte de razón, ciertamente no refleja el todo, y en todo caso, es parte del análisis político que debieran hacer, aquellos que tomaron las decisiones... 

Si el gobierno pretende dar vuelta el resultado, no puede correr el riesgo de leer mal los motivos.

Si, por ejemplo, pretendiera "cambiar", para capturar votos, es muy probable que “la gente” elija el original y no una mala copia, o no, porque tal vez el ciudadano pretenda "un cambio". Solo hace una semana atrás, observar un mapa de la Argentina teñido de amarillo, seguramente era impensable, pero todo "es por algo". 

Algunos podrían pensar en una ciudadanía desmemoria, una suerte de Alzheimer social, que haga olvidar los años de gobierno en democracia, pero al ciudadano, le gusta elegir y no que le impongan un candidato, para eso las PASO, sancionadas durante la presidencia de Cristina Fernández.

Pero no sería menos razonable recordar aquello del “órgano más sensible”, el bolsillo, es evidente que, en la feria, el mercado o en los súper, llenar el changuito es una utopía. Podrá hablarse de “pesada herencia”, y sería cierto, pero ese argumento lo usaron otros antes, porque, para cambiarle la vida a la gente, para mejor ,fue que los eligieron. 

Es verdad que podríamos hablar de la influencia todopoderosa de los medios, pero "los hechos y los no hechos", contrastan con la realidad de los argentinos, que necesitan del "ejemplo de sus gobernantes".

Hace muchos años, Raúl Alfonsín, decía que su partido debía acostumbrarse a perder elecciones, pero no negar sus raíces. Años después, Néstor Kirchner repetía que no se puede negar “convicciones y principios que llevar adelante”, esto, después de perder las elecciones en 2009. Toda una parábola...

Alguien dijo una vez que la última buena comunicación que tuvo el peronismo fue el primer plan quinquenal. Lo cierto es que hoy, no la hay. Y muchos creen que debiera. Que es urgente que la haya. Porque si se escucha decir “no supimos comunicar”, pues no… no supieron. Y  los otros, hasta lograron que lo que se ha hecho, como la campaña de salud y vacunación, sea mal mirada y sospechada, mas allá del vacunatorio VIP, la ideologización de las vacunas y las fiestas encubiertas en plena pandemia, porque, comunicar es poder, y no negarlo, el tema es como hacerlo..

Si afirmo que no me gustaría una "radicalización" del gobierno, que no me gustaría una mala lectura y un mal diagnóstico y una mala propuesta de solución, es sensato preguntar… ¿y si probaran con más peronismo?

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