Deuda: ¿Gobierno y oposición no estarán jugando al “gran bonete” para distraernos?

Opinión 30 de enero de 2022 Por Diego Dillenberger
giorgieva guzman

Décadas antes de los videojuegos, nuestros padres y abuelos jugaban al “gran bonete”: los chicos elegían un color y formaban un círculo, y en el centro se sentaba el que hacía de gran bonete. Y se preguntaban: “al gran bonete se le ha perdido un pajarito, quién lo tiene?” Y ahí empieza el juego de “¿Yo, señor? ¡No, señor!, ¿pues, entonces, quién lo tiene?” 
 
¿Gobierno y oposición no estarán haciéndonos un juego del gran bonete con la deuda “externa” para distraernos de la enfermedad terminal de la Argentina, que es su infinanciable gasto público?

El kirchnerismo, que ya no tiene otro remedio que llegar a un acuerdo con el FMI, acusa de la deuda al expresidente Macri, por si tiene que “hacer un ajuste” para bajar el déficit, como le exige el Fondo. La oposición de Juntos por el Cambio explica una y otra vez que debió tomar la deuda porque no quería hacer un ajuste, ante el bestial déficit que heredó de los gobiernos de Cristina Kirchner.

Déficit, ese monstruo que pisa fuerte desde hace muchos años

Pero el déficit no existe porque sí: es el resultado de un Estado que en los últimos 20 años creció hasta asfixiar al país y someterlo a una condena eterna a la inflación. Como ya no hay impuesto que alcance para financiarlo, y ya nadie está dispuesto a prestarle a ese estado siempre al borde de un default, solo queda como último recurso tapar el déficit con más y más emisión monetaria: ése es el origen de la permanente devaluación del peso y la inflación crónica.

No es muy complejo. Pero ese corazón del problema argentino es algo del que la política parece no querer hacerse cargo: es una bomba que va estallando permanentemente y que se la van pasando uno al otro. Pareciera ser que el juego del gran bonete es útil para que la opinión pública mire para otro lado.

En el medio de los fuegos de artificio antes de llegar a un acuerdo con el FMI para reprogramar la deuda de 44 mil millones -y que tiene este año y el próximo vencimiento impagable- el procurador del Tesoro, Carlos Zannini, (o sea, el abogado del gobierno) hizo una movida de “gran bonete” pidiéndole a la Justicia que cite a declarar a los funcionarios del Fondo que decidieron el préstamo al anterior gobierno.

Todo esto pasaba mientras el ministro de Economía del mismo gobierno, Martín Guzmán, intentaba un acuerdo contrarreloj para evitar el abismo del default y tener algún elemento ante el kirchnerismo duro que permitiera hacer marketing de “recios negociadores”.

Bastante desagradecida, la vicepresidenta Cristina Kirchner no se quedó atrás: durante su visita a Honduras para asistir a la asunción de la presidenta izquierdista Xiomara Castro la emprendió contra Estados Unidos, principal accionista del Fondo y país clave para llegar a un acuerdo.

¿Qué cara habrá puesto Guzmán frente a sus interlocutores de Washington? ¿Y qué cara le habrán puesto los funcionarios del FMI? Quizás entendieron que los políticos argentinos están jugando al gran bonete. 

Deuda con el FMI: el rol de la oposición

La oposición no se quiere quedar fuera de la ronda, y cuando el Presidente intentó invitarla a un presunto anuncio de “algo” -que después no fue nada-, no aceptó el convite. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales -integrante de la coalición opositora- dijo algo que tiene un fondo de verdad: la deuda se tomó durante el período de Mauricio Macri, y los pagos pueden abarcar varios gobiernos. No puede la oposición desentenderse del tema.

Sus colegas lo desautorizaron y pegaron el faltazo: sospechaban que el presidente los iba a usar para señalar los delante de las cámaras como “culpables” de la deuda. No les faltaba algo de razón.

Ahí es donde a todos les conviene este juego del “gran bonete”. La oposición jamás diría: “tuvimos que tomar la deuda con el FMI cuando ya no nos prestaban más y no podíamos o no queríamos bajar el gasto público”. Y desde el gobierno jamás dirían: “la culpa es de ustedes por haber acudido al FMI porque no supieron resolver el desastre de déficit fiscal que les dejamos nosotros”.

Nuevamente, ahí es donde a todos les viene bien jugar al “gran bonete”: ¿yo, señor?, no, señor!, ¿pues, entonces, quién lo tiene?

Detrás del escenario en el que gobierno y oposición distraen a la opinión pública argentina con ese juego del gran bonete hay un país que solo puede salir de su crisis crónica con importantes reformas estructurales. De paso, la inflación -para la política- termina siendo buen negocio, porque permite acceder a enormes recursos fuera de presupuesto que sirven para hacer política.

Así, el peso del Estado sobre el PBI pasó en los últimos 20 años de menos de 30 a más de 45 por ciento: se sumaron estatizaciones, jubilaciones sin aportes, se duplicaron los empleados públicos en nación, provincias y municipios y, como prácticamente no se creó más empleo privado, el estado no solo se hizo cargo de convertirse en único empleador, sino que fue sumando planes sociales y asignaciones que deben ser financiados con impuestos que pagan siempre los mismos.

La única forma de salir de la encrucijada argentina es con reformas estructurales profundas que la política -hasta ahora- no está en condiciones de hacer. Ni siquiera se anima a hablar de ellas: una amplia reforma laboral para que el estado pueda dejar de ser el único empleador, volver a privatizar todo lo que se reestatizó durante el kirchnerismo y cambiar el sistema de coparticipación federal para que las provincias dejen de ser feudos en los que muchos gobernadores garantizan sus eternas reelecciones al ser los únicos empleadores de la comarca.

Sin una profunda reforma impositiva la Argentina seguirá mirando a las inversiones empresarias con “la ñata contra el vidrio”, y sin terminar con la inflación crónica -esa que al final es tan buen negocio para la política- no se logrará crecimiento.

De esto, ni gobierno ni oposición se animan a hablar con franqueza, porque unos tendrían que admitir que no supieron -o no quisieron- desactivar la bomba que le dejó el otro y que prefieren ir pasando de mano en mano. Entonces es preferible seguir jugando al gran bonete de la deuda y el FMI que nos distrae de los problemas inconfesables que están detrás del escenario: ¿yo, señor?, ¡no, señor!, ¿pues, entonces, quién lo tiene?

Fuente: TDP

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