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title: "OPINIÓN | El fenómeno Milei y el desgaste de la agresión como método"
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author_name: "Por Dihcar Labina"
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# OPINIÓN | El fenómeno Milei y el desgaste de la agresión como método

**Por qué el show del insulto empieza a hacer ruido cuando el bolsillo aprieta de verdad**

Vamos a hablar sin vueltas, como nos gusta al tomar el café en la esquina. Si hay algo que nadie le puede negar a Javier Milei es que es un tipo súper auténtico con su personaje. Desde que apareció en la televisión rompiendo platos y gritándole a medio mundo hasta su llegada a la Casa Rosada, su sello fue siempre el mismo: ir al choque, patear el tablero y no guardarse absolutamente nada.

Para muchos, ese estilo desinhibido y picante fue un imán indiscutible. Veníamos de años de discursos políticos edulcorados, llenos de eufemismos y promesas vacías, y de repente apareció alguien que puteaba al aire con la misma bronca con la que cualquier hijo de vecino insultaba al televisor viendo las noticias. Eso garpó, no hay dudas.

Pero el problema con la pirotecnia es que la primera vez te impresiona, la segunda te entretiene y a la décima ya te dan ganas de pedir un poco de silencio. La reciente columna de Ernesto Tenembaum en Infobae le pone palabras a algo que se empieza a sentir en la calle: **¿sigue funcionando esa máquina de escupir fuego o estamos entrando en una etapa de indigestión colectiva?**

#### Del "mandril" al diccionario escatológico

Si repasamos los últimos episodios de la agenda política, el nivel de agresión verbal tocó picos insólitos. Y no estamos hablando de una chicana futbolera entre dirigentes en los pasillos del Congreso; estamos hablando del mismísimo Presidente de la Nación dedicando tiempo y energía a repartir adjetivos escatológicos en redes sociales y ante auditorios de empresarios.

Pasamos del ya conocido repertorio de "mandriles" para referirse a la oposición a descalificaciones explícitas dirigidas a periodistas de trayectoria como Marcelo Bonelli o Manu Jove, o en discursos del propio *Council of the Americas*. Las cifras de su comportamiento digital impresionan: un ritmo ininterrumpido de cientos de publicaciones diarias en X (ex Twitter) donde decenas de ellas son ataques directos a cualquiera que ponga un matiz a su relato.

La justificación del oficialismo siempre es la misma: *"él solo responde a las agresiones"*. Pero a esta altura del partido, esa excusa suena deshilachada. Cuando sos el dueño de la lapicera y tenés la responsabilidad de conducir un país entero, ponerte a la par del troleo tuitero o utilizar el micrófono oficial para degradar al interlocutor no te hace parecer fuerte; al contrario, deja entrever una irritación permanente que desentona con la templanza que requiere cualquier crisis.

#### Cuando el relato choca contra la persiana baja

Acá es donde la tuerca empieza a zafar. El estilo agresivo funciona bárbaro como "entretenimiento" o bandera en la llamada batalla cultural cuando la economía acompaña o cuando la esperanza de un cambio rápido sigue fresca. El problema es cuando la realidad cotidiana se pone pesada de verdad.

Hoy no hace falta repasar grandes teorías macroeconómicas para entender qué pasa: basta con mirar el mostrador del almacén, la mesa familiar o hablar con el dueño de la pyme del barrio. Comercios golpeados, familias recortando salidas y ajustando la calidad de lo que compran para llegar a fin de mes, y un temor flotante al desempleo. Los datos de la opinión pública empiezan a reflejar un desgaste evidente donde la culpa de las dificultades se le asigna cada vez más al propio rumbo económico.

Mientras una parte importante de la sociedad hace malabares cotidianos, la respuesta pública que llega desde la cima del poder ante las objeciones no suele ser la empatía ni la explicación didáctica, sino la descalificación feroz y la acusación de que todo forma parte de conspiraciones urdidas por "enemigos del país".

#### ¿Un estilo único... o una trampa propia?

Llegamos entonces al centro del debate. Milei convirtió su estilo en su principal marca registrada. Es un presidente único porque decidió no disfrazarse jamás de político tradicional. Sin embargo, ese mismo rasgo que en su momento fue un activo electoral arrollador corre el riesgo de transformarse en su mayor encierro.

Cuando frente a cada problema económico, social o institucional la respuesta es doblar la apuesta, subir el volumen del insulto y calificar al que piensa distinto como una "mierda", el canal de comunicación con la sociedad civil se empieza a fisurar. La agresión constante satura. Y cuando el electorado se cansa del show porque la vida real no da tregua, los gritos dejan de sonar como un rugido libertador y empiezan a escucharse como simple ruido molesto.

Quizás sea hora de reflexionar sobre el hecho de que la gobernabilidad no se sostiene a fuerza de exabruptos en redes sociales, sino con resultados palpables, sensibilidad social y la madurez necesaria para escuchar las alertas antes de que la desconexión sea total.

***Por lo menos, así lo veo yo... CONTINUARÁ...***

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