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date_published: "2026-10-05T01:11:00-03:00"
date_modified: "2026-10-04T23:04:34-03:00"
author_name: "Por Dihcar Labina"
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# OPINIÓN | El pago del servicio de gas ya supera el 11% de la canasta básica en Tierra del Fuego

En el fin del mundo, abrir la llave del gas no es un confort opcional ni un lujo de época; es la condición mínima de supervivencia. Sin embargo, lo que durante décadas formó parte del paisaje cotidiano e invisible del hogar fueguino se ha transformado en uno de los golpes más severos para las economías familiares: **el pago del servicio de gas ya supera el 11% de la canasta básica en Tierra del Fuego**, marcando un hito preocupante en el costo de vida patagónico.

​El impacto responde a una combinación letal entre las recientes readecuaciones tarifarias, la quita o reconfiguración de subsidios y un nivel de consumo intrínsecamente elevado. Mientras que en la región pampeana o el centro del país la calefacción se enciende de forma estacional durante tres o cuatro meses, en Ushuaia y Río Grande los calfactores permanecen encendidos prácticamente los 365 días del año, enfrentando heladas prolongadas, vientos polares y temperaturas que con frecuencia perforan el cero. En este contexto geográfico, la elasticidad del consumo es casi nula: reducir la llama implica, literalmente, pasar frío dentro de la propia casa.

​La cifra del 11% cobra una dimensión aún más dramática cuando se la contrasta con la composición histórica del gasto doméstico. Años atrás, los servicios públicos representaban una porción marginal frente a rubros como la alimentación o el alquiler. Hoy, con la canasta básica alimentaria golpeada por la inflación y los salarios corriendo desde atrás, que una sola factura de servicio absorba más de un décimo de los ingresos necesarios para no caer bajo la línea de pobreza altera dramáticamente las prioridades de consumo de la clase media y de los sectores vulnerables.

​Esta presión presupuestaria no solo asfixia a los hogares particulares, sino que genera un efecto dominó sobre los comercios de cercanía y las pequeñas industrias locales, cuyos costos fijos de climatización se dispararon en proporciones similares. Muchos vecinos se han visto obligados a refinanciar facturas, reducir consumos de alimentos de primera necesidad o endeudarse para evitar el corte del suministro. La paradoja resulta ineludible para los habitantes de la isla: habitar una de las principales cuencas productoras de gas de la Argentina no ha impedido que el calor del hogar se vuelva un bien cada vez más difícil de costear.

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