Los isleños oscilan entre el desinterés y el rechazo por las exhumaciones

Nacionales 23 de junio de 2017
Son muy reacios a hablar del tema, pero evidencian malestar; si bien avalaron la misión humanitaria de la Cruz Roja, algunos dicen que fueron concesivos
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PUERTO ARGENTINO.- Lejos de esta ciudad, tras un puñado de cerros y casi al final de las rutas deterioradas por la nieve y la lluvia que amagan con dejar al cementerio de Darwin completamente aislado, la misión que busca identificar los cuerpos de 123 soldados argentinos hurga en la historia y le deja una presión en el pecho hasta al más duro de los que allí trabajan.

Los isleños saben de qué se trata. Lo vieron en un artículo del diario local cuando faltaban apenas unas semanas para que comenzara el proceso.

Cuando se les pregunta, niegan con la cabeza, entrecierran los ojos y deslizan las comisuras para abajo. Después, como si hubiera sido preacordado entre todos, la mayoría de los que accedió a contestar intenta terminar a la charla al decir que lo que ocurre con los restos será positivo para las familias. Hablan de "consuelo" y del derecho que los parientes tienen de recibir una respuesta.

Pero su interés no va más allá. "No es algo nuestro", afirman. "No es algo que nos esté dando vueltas por la cabeza. Para nada", agregan. Es un tema del que no se habla.

Pese a que la cuestión de los cuerpos no es discutida con frecuencia en esta capital, los coordinadores de la misión afirman que cuentan con el apoyo de los isleños, quienes durante el último año -cuando la posibilidad de que efectivamente llegue un equipo para exhumar los cuerpos tomó velocidad- transmitieron sus preocupaciones al CICR.

Según aseguran desde el organismo, el temor de que hubiera una intencionalidad política del gobierno argentino detrás de los operativos quedó saldado tras una sucesión de reuniones entre representantes del comité, el gobierno local y los vecinos.

Además del poco interés, entre algunos isleños la misión genera cierto fastidio. "Ya fuimos muy flexibles", desliza Alex Olmedo, que dirige un hotel boutique de esta ciudad, en relación con la autorización que se brindó para hacer los trabajos en Darwin. "Muy generosos", agrega, a modo de forzar un punto final a la conversación.

Alex Olmedo: "No es un tema del que nosotros hablemos"

Foto: Hernán Zenteno

Alex Olmedo se autodenomina un "new falklander", un inmigrante que llegó a las islas hace décadas, pero que se siente más malvinense que extranjero. Nacionalizado británico, nació en Chile y llegó a las islas hace 27 años. Sentado en el restaurante del hotel que él dirige aquí, Olmedo habla como isleño en primera persona del plural y destaca la "voluntad humanitaria" para identificar los cuerpos.

Aunque dice estar de acuerdo con los trabajos, enseguida aclara que no es una cuestión de interés en la isla. "No es un tema del que hablemos, para nada. Acá en Stanley [el nombre con el que los ingleses bautizaron a Puerto Argentino] no tenemos nada que ver con el cementerio", dice. Y va más allá. Cree que lo mejor sería que la misión termine con el traslado de los cuerpos al continente. "Se evitaría el flujo de veteranos que han causado problemas desde que Cristina Kirchner estuvo en el poder, porque incitaba a la violencia", exige.

Allister Miater: "¡Déjenlos descansar en paz!"

Foto: Hernán Zenteno

Una de las paredes platinadas de Deano's, atendido por inmigrantes de la isla de Santa Elena, está abarrotada de botellas de alcohol de todos los colores, que contrastan con la oscuridad del bar casi vacío. Al frente, sentado a la barra, Allister Miater pide una lata de cerveza. Debe ser la tercera, o la cuarta.

Antes de opinar sobre la identificación de los cuerpos, el isleño se acomoda la visera de la gorra de la Royal Air Force y se cruza de brazos.

"¡No!", contesta cuando se le pregunta si se habla del operativo en esta ciudad. "No lo seguimos. Por supuesto que sabemos que está ahí, pero no. En serio, no", repite.

A Miater parece molestarle que haya actividad en el cementerio, que se remueva la tierra después de tantos años. "¿Por qué no los dejan ahí? ¡Déjenlos descansar en paz!", se exaspera. Para él, los soldados "no tuvieron la culpa de nada porque la decisión vino de arriba. Ya está, déjenlos", insiste.

Anne Wilson: "Nunca hablé del tema con nadie"

Foto: Hernán Zenteno

Durante los próximos dos años, la enfermera Anne Wilson, de 59 años, vivirá en las islas Malvinas y trabajará en el hospital local. Es la segunda vez que viene del Reino Unido a Puerto Argentino para ejercer su profesión, pero esta vez será su estadía más larga. Será, además, lo último que haga antes de jubilarse.

Ella sí demostró interés sobre lo que ocurría en el cementerio de Darwin, a tal punto de pedir disculpas en broma por la cantidad de preguntas que hizo acerca de los operativos de la Cruz Roja. Sin embargo, era probablemente la primera vez que hablaba del tema pues, según contó, en las islas no conversó con nadie por precaución.

"Vi que estaba pasando algo en Darwin por un artículo en el Penguin News [el único periódico local, que es semanal]. Nunca lo he hablado con nadie porque no sé realmente cómo va a reaccionar la gente de acá", cuenta, entre decepción y sorpresa.

John: "Que vengan argentinos a sacarse fotos es una ofensa"

En su tiempo de descanso, John, un obrero que trabaja en la repavimentación de una de las calles de la ciudad de Puerto Argentino, almuerza con sus cinco compañeros en la cafetería de un supermercado de esta ciudad. El hombre se apresta a responder las preguntas de la nacion hasta que uno de sus acompañantes le hace un movimiento con la cabeza para que no hable.

"Lo que nos importa a nosotros no es el cementerio, es que vengan los argentinos acá y posen para la foto con las banderas argentinas. Eso es una gran ofensa. Lo que pase más allá de eso, no nos importa", dice, provocando gestos de aprobación y un vitoreo tímido entre quienes lo escuchaban.

Sin hacerle caso al que le pedía quedarse callado, John -no quiso dar su apellido- continuó: "Realmente espero que encuentren lo que están buscando allá, pero no es algo que nosotros hablemos".

Susan: "No es algo nuestro. Que hagan su trabajo y listo"

Puntual para hacer el relevo de la caja, Susan llega al supermercado donde trabaja poco antes de las cuatro de la tarde y grita "¡Cariño, estoy en casa!" para avisarle a sus compañeros que había llegado.

Las risas del ambiente y su humor extrovertido se esfuman cuando la nacion pregunta sobre los trabajos del CICR. "No sé siquiera si empezaron o no. ¿Empezaron ya? ¡Ni idea!", dice y explica que la única vía por la que se enteró de que el Reino Unido había llegado a un acuerdo con el gobierno argentino fue por el diario local. "No lo escuché en otro lado desde que lo vi ahí", aclara.

Susan, quien también prefirió mantener en reserva su apellido, toma la posición de la compañera que está a punto de terminar su turno y señala que ninguno de sus conocidos habla del tema. "No es algo nuestro", explica y hace un gesto como quien dice algo obvio. "Que hagan su trabajo y listo", concluye.

Steve: "Esta tarea brindará consuelo a muchas familias"

"No me gusta hablar de política", empieza Steve, un mecánico del "barrio nuevo" de Puerto Argentino, como los isleños se refieren a la zona donde más casas se construyeron en los últimos años. "No hablo de esto, pero voy a decirte una cosa", agrega.

Vestido con un mameluco azul, el hombre se seca la transpiración de la frente con una mano, como si no estuviera en medio de una ciudad en la que hace días la temperatura roza los cero grados. Según él , los trabajos de la Cruz Roja en el cementerio de Darwin son una "tarea humanitaria muy valiosa" que brindará "consuelo a muchas familias que buscan respuestas después de más de 35 años". En ese sentido, dice Steve, los trabajos que se desarrollan desde el comienzo de esta semana "son muy buenos para terminar de cerrar un capítulo" de la guerra. "Todas las familias tienen derecho a saber la identificación de sus hijos", aclara, antes de despedirse.

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