La Parábola del Capitán y los Faros

Opinion18/03/2026 Dihcar Labina

Había una vez una embarcación llamada "La Argentina", que navegaba por un océano inmenso y turbulento. Durante muchos años, fue dirigida por una familia de capitanes que creían en la "Soberanía del Ancla".

El Tiempo del "Ancla y la Bruma" 

La capitana de aquel entonces decía: "No miremos a los grandes faros del Norte, porque su luz encandila y nos roba la voluntad". Entonces, decidió que el barco debía navegar cerca de las costas vecinas, amarrándose a botes que hablaban el mismo idioma.

Para financiarse, la capitana evitaba a los banqueros del puerto principal y prefería pedir prestado a mercaderes de tierras lejanas, del Este, que le daban monedas a cambio de construir muelles propios en nuestras playas. El barco navegaba con las velas pintadas de consignas, convencido de que, si ignoraba los mapas tradicionales, el océano sería más justo. Sin embargo, con el tiempo, el barco se quedó sin combustible, girando en círculos en una bruma de disputas, con el casco lleno de parches y las máquinas cansadas de tanto aislamiento.

El Tiempo del "Viento y el Acantilado" 

Entonces, llegó un nuevo capitán. Un hombre de gestos bruscos que rompió el ancla con un hacha y gritó: "¡Estamos del lado equivocado del mapa! Aquellos barcos que antes llamábamos amigos son en realidad piratas, y los faros que ignoramos son nuestra única salvación".

Este nuevo capitán quemó los viejos estandartes y ordenó alinear la proa directamente hacia el faro más potente del Norte y el faro sagrado del Este. "¡Alineación total!", exclamó. El barco empezó a navegar a una velocidad vertiginosa, dejando atrás a los botes vecinos, que lo miraban con desconcierto.

El capitán no solo buscó la luz de esos faros para guiarse, sino que decidió que el barco debía ser un escudo para ellos. Cuando los otros barcos en el océano se peleaban, él gritaba desde la cubierta: "¡Ese faro es mi hermano, y sus enemigos son los míos!".


El Dilema del Marinero

Hoy, los marineros de "La Argentina" observan el horizonte con una mezcla de vértigo y esperanza, pero también con miedo.

Bajo el Kirchnerismo, el riesgo era que el barco se oxidara en la orilla, convencido de una independencia que terminaba en la soledad y la falta de recursos.

Bajo Milei, el riesgo es que el barco, en su afán de ser el "mejor alumno" de los faros lejanos, se meta de lleno en una tormenta de cañones que no son suyos.

El barco ahora corre rápido, pero los marineros se preguntan: si los grandes faros deciden un día apagar su luz o si el viento cambia de golpe, ¿tendremos fuerzas para maniobrar, o habremos olvidado cómo usar nuestro propio timón por estar tan ocupados mirando hacia afuera?

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