




"El León hizo de réferi: Qué dejó el 'operativo convivencia' en el balcón de la Rosada"
Opinion26/05/2026 Por Dihcar Labina

Qué lindo es el 25 de mayo, ¿no? Tradición pura. Pastelitos, locro bien pulsudo, la escarapela en el pecho y… la infaltable, densa y siempre vigente rosca política de nuestra querida Argentina.
Ese folklore que nunca descansa, ni siquiera en las fechas patrias. Pero este último aniversario de la Revolución de Mayo no fue uno más; nos dejó una postal en la Casa Rosada que merece que nos sentemos a charlar con un café de por medio, para desmenuzar el detrás de escena.
Javier Milei decidió usar el histórico balcón de la Rosada —ese que vio pasar absolutamente de todo en nuestra historia— no solo para saludar a la militancia que se acercó a la Plaza de Mayo y gritar sus ya clásicos mantras libertarios a los cuatro vientos, sino para algo mucho más mundano y urgente: mandar un mensaje político vertical, bien clarito y sin anestesia, hacia adentro de su propio rancho. Fue un "muchachos, dejen de tirar de la cuerda que nos vamos a colgar todos", pero traducido al lenguaje corporal y coreográfico.
Porque seamos sinceros: la procesión iba por dentro, y el agua ya estaba empezando a llegar al río.
A ver, pongamos las cartas sobre la mesa y limpiemos el panorama para entender por qué este gesto del Presidente fue tan relevante. La interna en las entrañas del Gobierno venía picante, tirando a indomable. No es novedad que el poder desgasta, pero en la escudería libertaria las fricciones se aceleraron a velocidad de la luz.
Por un lado, lo tenés a Santiago Caputo, el integrante del "triángulo de hierro", estratega en las sombras, líder del ala más confrontativa, de la batalla cultural en redes y de los jóvenes leales que no le temen al barro político. Por el otro lado, se erige la figura implacable de Karina Milei, la indomable "El Jefe", dueña absoluta de la agenda, guardiana de la pureza del espacio y un filtro humano por el que hay que pasar sí o sí si querés sobrevivir en el universo mileísta.
En el medio de ese fuego cruzado de egos, reproches por la gestión, celos de cartel y pases de factura por las leyes que no salen o las negociaciones que se traban, quedaron atrapadas figuras de peso como Martín Menem (remando en dulce de leche en la Cámara de Diputados) y Patricia Bullrich (aportando el músculo político tradicional y la gestión de la seguridad). La tensión se cortaba con un cuchillo y los rumores de pasillo ya amenazaban con transformarse en crisis de gabinete abiertas.
¿Qué hizo el Presidente este 25 de mayo ante este panorama? Armó una suerte de "operativo reconciliación de emergencia" a la vista de todo el mundo. Ni un comunicado, ni un tuit: todo se resolvió con la vieja y querida puesta en escena teatral de la política.
La coreografía del balcón: abrazos para unos, destierro para otros
El gesto de Milei fue ultra simbólico y planificado al milímetro. Se cargó al hombro el rol de componedor y pacificador, algo que, convengamos, es bastante raro en su estilo personalista y habitualmente confrontativo. Milei no es de los que miman la interna; él prefiere que las cosas se decanten solas. Pero esta vez tuvo que intervenir.
El rescate de Santiago Caputo: El Presidente lo sacó literalmente de la "heladera" política donde varios lo querían meter tras algunos tropiezos. Lo pegó a su lado, le mostró su apoyo total y le mandó un mensaje al resto del ecosistema: "Este chico sigue siendo de los míos y no se toca".
Mimos para la tropa: Hubo abrazos efusivos para Martín Menem, palmadas de respaldo para Bullrich y gestos cruzados que buscaban escenificar una tregua forzada. Una orden pública, transmitida en vivo y en directo por televisión, de bajar los decibeles. El mensaje implícito fue contundente: "Acá adentro convivimos todos y tiramos para el mismo lado, les guste o no, porque la gestión tiene que seguir y el horno no está para bollos".
La ley del espacio en el balcón: En la política argentina, el espacio físico es sinónimo directo de poder. Los centímetros de distancia respecto al líder equivalen a la cantidad de acciones que tenés en la empresa.
Y ahí es donde la foto de la felicidad comunitaria se quiebra, porque en este tipo de puestas en escena, lo que no se muestra o lo que se aleja es tan importante como lo que se destaca. El que la tuvo que ver de afuera —o mejor dicho, desde la otra punta del balcón, casi pegado a la pared— fue el Jefe de Gabinete.
Su figura quedó súper relegada, bien lejos del centro de atención, de las risas compartidas y de la foto principal de la jornada. Si te mandan a la punta del balcón a mirar el paisaje en soledad mientras el núcleo duro se abraza en el centro, es porque en el esquema de poder real te están bajando el precio en el mercado secundario. Fue un "teléfono" gigante para la Jefatura de Gabinete, un frío glacial en medio del sol de mayo que anticipa que los días venideros van a ser muy complejos para el organigrama del Gobierno.
Mientras todo este acting de manual sucedía entre los cortinados de la Rosada y las barandas del balcón, la realidad soplaba con fuerza desde afuera, recordándole a toda la dirigencia que el micromundo de la política es apenas una burbuja.
A pocas cuadras, en la Catedral Metropolitana, la Iglesia Católica había aprovechado el tradicional Tedeum para tirar un centro directo a la mandíbula del oficialismo. El mensaje eclesiástico no anduvo con rodeos: advirtió seriamente sobre el "desmembramiento social", el impacto del ajuste en los más vulnerables y exigió, casi como un ruego, diálogo y consenso real bajo la premisa "Basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo".
El contraste de la jornada fue tremendo y nos deja una pintura perfecta de la Argentina actual:
Adentro de la Rosada: El Presidente de la Nación gastando capital político y tiempo en apagar los egos de su propia tropa, acomodando las fichas de un ajedrez interno obsesionado con quién tiene la lapicera más grande o quién maneja la botonera digital.
Afuera en la calle: Un reclamo social y religioso feroz que pide a gritos que la política de una buena vez empiece a solucionar los problemas reales de la gente de a pie: la inflación que golpea, la recesión que asusta y la falta de rumbo claro en el bolsillo diario.
En definitiva, lo del balcón fue una jugada de manual de supervivencia política. Milei intentó demostrarle a los propios y a los ajenos (principalmente a los mercados y a la oposición, que huelen la sangre cuando hay internas) que tiene las riendas firmes de su propio espacio. Intentó demostrar que es capaz de obligar a su hermana, a sus asesores estrella y a sus ministros a compartir el mismo patio de juegos sin tirarse con los baldes de arena.
Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿le va a funcionar este "operativo convivencia"? Está por verse. En el ajedrez de las fuerzas libertarias, donde las pasiones son intensas y las lealtades se miden día a día, las treguas suelen durar lo que un suspiro en una tormenta. Los problemas estructurales de gestión siguen ahí, las leyes clave siguen peleándose voto a voto y los recelos personales no se borran con una foto dominguera.
Por lo pronto, este 25 de mayo nos dejó una certeza absoluta: el León tuvo que dejar de rugirle a la oposición por un rato para ponerse la camiseta de réferi y cobrar faltas dentro de su propia casa... y nos recordó a todos que en ese balcón histórico de la Casa Rosada, estar en el medio de la foto o estar tirado a la punta, te puede cambiar el destino político en un abrir y cerrar de ojos.
Y hoy, más que nunca, como en aquel 25 de mayo de 1810, "el pueblo quiere saber de que se trata", porque "incertidumbre, es peor que malo".
Por lo menos, así lo veo yo... CONTINUARÁ...









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