OPINIÓN | Del “vamos por todo” al “tenemos que ocupar todos los lugares”: ¿Casta o el nuevo ropaje?

Opinion09/07/2026 Por Dihcar Labina

Las palabras no son inocentes en política, y menos cuando suenan a déjà vu. La reciente declaración del diputado nacional por Tierra del Fuego, Miguel Rodríguez (La Libertad Avanza), dejó picando una frase que resuena con fuerza en los oídos de cualquier argentino: “Todo. Tenemos que ocupar todos los lugares”. Una declaración de principios que obliga a poner el espejo frente al pasado.

A ver, hagamos memoria un ratito. Si hay algo que la militancia libertaria criticó con alma y vida desde que Javier Milei irrumpió en la escena pública, fue esa voracidad de la política tradicional por enquistarse en cada rincón del Estado. El famoso “vamos por todo” del kirchnerismo fue, durante años, el manual de lo que —según la narrativa del León— estaba mal con la Argentina: la colonización de los ministerios, los municipios, los concejos deliberantes y hasta las sociedades de fomento para financiar la famosa "caja".

Por eso, cuando uno lee la entrevista que Rodríguez le dio a los medios locales tras su cumbre en Buenos Aires con Karina y Javier Milei, es imposible no arquear una ceja. Cuando le preguntaron qué lugares pretende disputar LLA en Tierra del Fuego para las próximas vueltas electorales, el diputado no anduvo con vueltas ni sutilezas diplomáticas. Tiró un "todo" seco, y remató: “Tenemos que ocupar todos los lugares”. Desde la gobernación hasta el último Concejo Deliberante, pasando por las tres intendencias (Río Grande, Ushuaia y Tolhuin). El combo completo, por favor, y agrandado.

¿Vocación de poder o pragmatismo de casta?

Se entiende, obvio, que cualquier partido político que se precie de tal nace con vocación de poder. Nadie arma un espacio para quedarse tocando la pandereta en la vereda. El asunto acá es la mutación del discurso (del purismo antisistema al pragmatismo de la construcción territorial). LLA en la provincia nació como un vector de ideas, una reacción huérfana contra el statu quo estructural de la isla. Hoy, apalancados por el sello del Presidente y con las ansias lógicas de consolidarse en el territorio, el discurso vira hacia la ocupación total de la botonera estatal.

El contraste de las formas: Mientras el histórico "vamos por todo" se enunciaba desde la cima de un poder hegemónico con tintes de epopeya colectiva, el "ocupar todos los lugares" libertario se presenta con un barniz de necesidad organizativa y aceleración histórica, aunque el destino final de la flecha parezca el mismo: el control absoluto de las estructuras públicas.

El diputado Rodríguez justifica este vértigo diciendo que están listos para competir en todos los niveles. Está perfecto, son las reglas del juego democrático. Sin embargo, el tufillo a contradicción empieza a asomar cuando el pragmatismo choca de frente con los viejos dogmas del archivo de Twitter. El "vamos por todo" de antes buscaba transformar la realidad metiendo al Estado en cada detalle; el "ocupar todos los lugares" de ahora busca, paradójicamente, copar la estructura pública supuestamente para desarmarla... o para cambiarle los nombres en el organigrama. 

Otro punto de la entrevista que no tiene desperdicio es la defensa que hace el legislador sobre las acciones sociales en los barrios vulnerables de Río Grande. Ante las críticas en redes sociales que acusaban al espacio de hacer el mismísimo asistencialismo que tanto denostaban, Rodríguez ensayó una pirueta conceptual: “no es plata pública, no estamos haciendo populismo con plata del Estado, plata del contribuyente”, sino donaciones de empresas privadas y cámaras de Buenos Aires. Ellos solo hacen de “canal de conexión nada más”.

Noble gesto, seguro, para los vecinos que reciben la ayuda. Pero políticamente, la línea es más delgada que un hilo de pescar. Esto introduce el concepto de la "privatización" de la acción social con rédito político directo. Utilizar la estructura partidaria y la visibilidad legislativa para repartir recursos privados en campaña —o pre-campaña— no inventa la pólvora. Cambia el financista (sale el Estado, entran corporaciones de Buenos Aires), pero la dinámica clientelar o de construcción territorial mediante la entrega de bienes sigue intacta. ¿No era que la política no debía intermediar?

Las reformas que vienen y el fin de la inocencia

La nota de referencia cierra recordando que la prioridad del oficialismo nacional, bajada directamente en esa reunión de bloque, es avanzar con la “reforma política, la reforma electoral, la eliminación de las PASO y el fin del financiamiento a los espacios políticos con plata de los contribuyentes”. Un argumento que suena fantástico para el bolsillo del ciudadano común, pero que encierra un concepto estratégico clave: el ahogo financiero de la política tradicional. Si quitás el dinero estatal, los únicos partidos capaces de desplegar estructura y hacer asistencia territorial serán aquellos que tengan "canales de conexión" aceitados con las grandes corporaciones privadas.

Al final del día, la política del fin del mundo nos demuestra que lo institucional funciona para todos igual.

Podés llegar al poder con las banderas de la antipolítica, pero a la hora de armar territorio, terminás queriendo "copar todos los casilleros" y articulando con el poder económico para suplir las demandas sociales. Cambiarán las formas, los tonos y las redes sociales de preferencia, pero entre el "vamos por todo" de ayer y el "ocupar todos los lugares" de hoy, la música de fondo sigue sonando peligrosamente parecida.

Por lo menos, así lo veo yo...CONTINUARÁ...

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