


OPINIÓN | El apuro del Gobierno por blindar la Base Naval de Ushuaia antes del bache electoral en EE.UU.
Opinion13/07/2026 Por Dihcar Labina

El alineamiento geopolítico en Balcarce 50 se mueve al ritmo de los calendarios electorales del hemisferio norte. En las últimas horas, las directivas dentro del Ministerio de Defensa se volvieron perentorias: acelerar al máximo el acuerdo de financiamiento técnico con Estados Unidos para la Base Naval Integrada de Ushuaia.
Los Antecedentes: De la foto con Richardson a la intervención del puerto
Para entender la urgencia de hoy, hay que repasar el rompecabezas que el Gobierno viene armando en Tierra del Fuego desde su asunción. El proyecto no nació ayer, sino que arrastra una densa cronología de gestos políticos y tensiones federales:
La estrategia del "disfraz técnico" para esquivar el Congreso
La negociación actual no busca la instalación de una base militar norteamericana bajo bandera propia —algo que requeriría una aprobación parlamentaria de alta combustión política en el Congreso argentino— sino un esquema de asistencia técnica y operativa. La lógica que intentan replicar es similar a la implementada con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. en la Hidrovía Paraná-Paraguay.
El plan de Balcarce 50: Presentar el entendimiento como un mecanismo de cooperación soberana para el desarrollo de capacidades científicas y de rescate en el Atlántico Sur, minimizando el ruido de "entrega de soberanía" que agita la oposición fueguina.
Sin embargo, el reloj corre. Para la diplomacia de Defensa, consolidar el acuerdo técnico antes de noviembre es vital para competir directamente con tres polos de competencia logística antártica:
Punta Arenas (Chile): El competidor histórico que hoy acapara la mayor parte del flujo logístico científico global.
Malvinas (Reino Unido): El puerto que el gobierno británico desarrolla activamente en las islas para consolidar su presencia en el área de influencia de la plataforma continental argentina.
Hobart (Australia): El nodo del hemisferio oriental.
Pero donde el Gobierno encuentra mayor resistencia no es en Washington, sino en los pasillos de Ushuaia y Río Grande. La intervención del puerto a principios de año abrió una grieta profunda entre la administración provincial y la Nación, impactando en una recaudación pesada para las arcas locales.
Senadores y diputados-no oficialistas- de la región ya advierten que darán batalla contra cualquier intento de endeudamiento o cesión encubierta que comprometa las instalaciones estratégicas.
Para el oficialismo, conseguir que EE.UU. ponga la firma (y las garantías de equipamiento tecnológico) antes de que cambie la composición de las cámaras norteamericanas es la única forma de blindar el proyecto frente a un eventual enfriamiento de la Casa Blanca.







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