


Desafío extremo: Así es el aterrizaje en la Base Marambio, el más exigente de la Antártida-VER VIDEO
Tierra del Fuego15/06/2026
Redacción P24

BASE MARAMBIO, Antártida Argentina. – Volar hacia el continente blanco es, por definición, una aventura de alto riesgo. Sin embargo, cuando las ruedas de un coloso de las nubes como el Lockheed C-130 Hércules apuntan hacia la Base Antártica Conjunta Marambio, la operación pasa de ser un vuelo logístico a convertirse en uno de los desafíos aeronáuticos más extremos del mundo. Considerada la principal puerta de entrada e integración argentina en la Antártida, esta base plantea condiciones geográficas y climáticas que no perdonan el más mínimo error de cálculo.
A diferencia de los aeropuertos comerciales o incluso de otras bases que utilizan pistas de hielo azul con esquíes, Marambio destaca por su particular fisonomía: una pista natural de tierra congelada (permafrost) mezclada con rocas finas, montada sobre una meseta que se eleva a unos 200 metros sobre el nivel del mar. Esta característica única permite operar aviones de gran porte con ruedas convencionales durante todo el año, pero exige una precisión milimétrica por parte de las tripulaciones.
La geografía de una pista traicionera
Construida originalmente a pico y pala en 1969 por la mítica Patrulla Soberanía, la pista de Marambio es hoy una infraestructura crítica. Su ubicación en una meseta elevada genera un efecto aerodinámico particular: las corrientes de aire golpean los acantilados de la isla y ascienden de forma abrupta, provocando turbulencias severas de cizalladura (cambios repentinos en la dirección y velocidad del viento) justo en el tramo final de la aproximación.
Adicionalmente, la superficie de la pista cambia constantemente. El suelo congelado puede ablandarse levemente en el verano o cubrirse de escarcha dura en el invierno profundo, modificando las distancias de frenado y el agarre de los neumáticos de los aviones.
El "Capuchón" y el viento hostil: Los peores enemigos del piloto
Las dificultades no terminan en el suelo; el factor meteorológico es el verdadero monarca de la Antártida. En Marambio, el clima es dinámico y puede mutar drásticamente en cuestión de minutos. Los pilotos deben lidiar con vientos que frecuentemente superan los 50 nudos y ráfagas estacionales que pueden alcanzar velocidades cercanas a los 150 kilómetros por hora.
Sin embargo, el fenómeno más temido por los navegantes es el llamado “capuchón”:
Una densa formación de niebla baja y nubes que rodea por completo la meseta de la base de forma repentina. Este fenómeno puede hacer descender el techo de nubes a menos de 20 metros de altura en instantes, reduciendo la visibilidad a cero y forzando la prohibición inmediata de despegues y aterrizajes.
Cuando el "capuchón" se cierra, las aeronaves en ruta no tienen más alternativa que emprender el regreso hacia el continente americano (generalmente hacia las bases aéreas de Río Gallegos o Ushuaia), consumiendo valiosas horas de autonomía en un entorno donde no existen los aeropuertos alternativos cercanos.
Un crisol de sistemas de armas en el fin del mundo
El principal vector de abastecimiento y sostén logístico de la base es el legendario Lockheed C-130 Hércules, el verdadero caballo de batalla de la Fuerza Aérea Argentina. No obstante, la exigente pista de Marambio ha visto operar con éxito una variada gama de sistemas de armas adaptados para misiones científicas, sanitarias y de apoyo.
Flota operativa habitual en el sector:
DHC-6 Twin Otter: Aviones de transporte ligero bimotor encargados de la interconexión entre bases locales.
Fokker F-28 y Saab 340: Sistemas de transporte que realizan incursiones tácticas de personal y carga ligera tras rigurosos estudios de viabilidad.
Helicópteros Bell 212 y Mi-171E: Encargados de la distribución interna de suministros y tareas de búsqueda y salvamento.
Soberanía y ciencia desde el aire
Cada aterrizaje exitoso en la Base Marambio representa la culminación de horas de planificación meteorológica, análisis de imágenes satelitales y una coordinación perfecta entre los meteorólogos del continente, la torre de control antártica y los comandantes a bordo.
Lejos de ser una mera maniobra militar o un espectáculo de destreza visual, este puente aéreo ininterrumpido constituye el cordón umbilical indispensable para la supervivencia de las dotaciones científicas, el reabastecimiento de alimentos, medicinas y combustible, y la reafirmación inclaudicable de la soberanía argentina sobre el territorio antártico.
























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