




OPINIÓN | Ushuaia al palo: Edificios de revista para una ciudad que se queda sin mecha y sin luz...
Opinion20/07/2026 Por Dihcar Labina

Ya lo decíamos el 07 de abril cuando reflexionabamos sobre Ushuaia y su crecimiento. Durante este fin de semana, un corte general de energía, dejo por casi todo un día sin luz a la ciudad, por esta razón, entendemos que es bueno recordar lo ya dicho y sostenido durante largos años respecto al crecimiento y planificación de una ciudad que crece a pasos agigantados, en donde las fallas no se dan por ello, sino por la falta de inteligencia pública y profesional...


Mirás para arriba y ya no ves solo el glaciar o el cielo cambiante; ahora ves grúas, andamios y edificios que brotan como hongos después de la lluvia. Ushuaia está en pleno "boom" constructivo, y aunque a primera vista uno podría pensar "qué bueno, progresa la ciudad", la realidad es que cuando rascás un poco la superficie, la cosa se pone color hormiga.
Claro, si escuchás a los desarrolladores y a los gurúes de las finanzas, Ushuaia es poco menos que El Dorado con nieve. Y ojo, razón no les falta desde los números fríos. Pero como todo lo que brilla, hay que ver si es oro o solo el reflejo del sol en un ventanal de doble vidriado hermético.
¿Por qué todos quieren poner un ladrillo acá? Simple: la rentabilidad en Ushuaia está volando por las nubes, y no solo por el turismo.
Con plataformas como Airbnb, un departamentito bien ubicado rinde en dólares lo que en Buenos Aires o Córdoba no rinde ni un piso entero. La demanda turística es constante, pero el verdadero negocio es que el techo de precios parece no existir.
Mientras que en otras ciudades del país la rentabilidad anual de un alquiler tradicional araña el 2% o 3%, en Ushuaia, entre el turismo y la altísima demanda interna, los inversores están proyectando números que hacen que cualquier otra caja de ahorro parezca un chanchito de barro.
No nos olvidemos de la Ley 19.640. Esas ventajas impositivas son el imán perfecto para las empresas y los capitales que buscan refugiarse en un lugar donde el bolsillo no sufra tanto el acoso del fisco nacional.
Invertir en "ladrillos" vs. invertir en "ciudad"
Y así, el discurso de venta es tentador: "Comprá de pozo en la ciudad más austral, ganá en dólares y asegurate una renta impositivamente amigable". Suena bárbaro. El problema es que esa promesa de rentabilidad extraordinaria se sostiene sobre una infraestructura que está pidiendo la escupidera.
La paradoja del inversor: Te venden un departamento con "amenities" de lujo y "alta tasa de retorno", pero nadie te garantiza que el transformador del barrio no vuele por el aire cuando todos los departamentos nuevos prendan la calefacción a la vez.
El problema no es que se construya, el problema es que parece que lo estamos haciendo a los ponchazos. Estamos metiendo un edificio de varios pisos donde antes había una casita de madera, sin preguntarnos si los caños que pasan por abajo aguantan el tirón.
Los servicios: Atados con alambre
No hace falta ser ingeniero para darse cuenta de que la infraestructura está al límite. Estamos jugando al "Jenga" con los servicios públicos:
En invierno, cuando el frío aprieta y todos prendemos hasta el último caloventor, la red electrica tiembla. Sumarle edificios enteros a un sistema que ya pide la hora es, cuanto menos, arriesgado.
Las factibilidades de gas, como recurso vital, son hoy el "tesoro perdido". ¿De qué sirve un departamento de lujo con vista al canal si tenés que andar con tres pulóveres adentro porque la presión no llega?
Las redes troncales de agua y cloacas, son, en muchos sectores, las mismas de hace décadas. Estamos forzando un sistema pensado para una aldea en una ciudad que ya se cree metrópoli.
Pero, lo que más ruido hace es la sensación de que no hay un plan maestro que ordene este caos. Se habilitan excepciones, se estiran los códigos de edificación y la ciudad pierde su identidad. Esa postal de casitas bajas y pintorescas está siendo devorada por moles de cemento que, además de tapar la vista, saturan el tránsito y liquidan el estacionamiento.
"Estamos construyendo para hoy, olvidándonos de cómo vamos a vivir mañana."
Ushuaia tiene una geografía caprichosa y hermosa, pero no es infinita. Si seguimos subiendo pisos sin ampliar las plantas potabilizadoras, sin mejorar la generación de energía y sin pensar en el impacto ambiental del cemento sobre la roca, el "sueño del techo propio" o la "inversión segura" se van a transformar en un dolor de cabeza colectivo.
Todos queremos una ciudad pujante. Pero el progreso de verdad no es solo vender metros cuadrados; es que cuando abras la canilla salga agua, que cuando prendas la hornalla haya llama y que no se corte la luz cada vez que sopla un viento fuerte.
Ojalá que los que cortan el bacalao se den cuenta a tiempo. Porque una ciudad que crece sin orden no es una ciudad que progresa, es simplemente un amontonamiento con linda vista.
El progreso es bienvenido, pero si la rentabilidad del privado se financia con el colapso de lo público, tarde o temprano, la cuenta nos llega a todos.
Por lo menos, así lo veo yo...CONTINUARA...




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