OPINIÓN| El tanque lleno, un lujo cada vez más inaccesible en la Isla

06/10/2026Redacción P24Redacción P24

​Otra mañana, otro retoque en el cartel digital de la estación de servicio. Quienes vivimos en Tierra del Fuego ya estamos acostumbrados a la escenografía de las filas en los surtidores a última hora de la noche, justo antes de que pase la medianoche y se active el inevitable retoque tarifario.

Desde este 5 de octubre, los precios del combustible volvieron a escalar, profundizando un goteo constante que en apenas diez días acumuló subas de $70 para la nafta Súper y hasta $130 para el diésel premium.

​Para el fueguino de a pie, no se trata solo del numerito que cambia en la manguera mientras uno espera dentro del auto; es el impacto directo en el bolsillo diario. Llenar hoy un tanque promedio de 50 litros con nafta Súper en nuestras ciudades ya araña la friolera de $90.000 (cotizando el litro a $1.775). Si te pasás a las líneas de mayor octanaje como Infinia o diésel de alta gama, el salto roza los $2.000 y $2.200 por litro.

​Historicamente, la Patagonia —y en particular la isla— contaba con un "colchón" impositivo (exención del impuesto a los combustibles líquidos por la Ley 19.640 y zonas frías) pensado para compensar las grandes distancias, el clima adverso y la falta de alternativas de transporte público masivo entre ciudades como Río Grande, Tolhuin y Ushuaia. Ese beneficio fiscal antes hacía que cargar nafta en la isla fuera sensiblemente más barato que ir a llenar el tanque al centro de la capital o a cualquier punto del centro/norte del país.

​Sin embargo, la brecha histórica que supimos tener se sigue achicando mes a mes. Si bien en la provincia el precio continúa algún escalón por debajo del promedio de Capital Federal o el Gran Buenos Aires (donde los costos de logística e impuestos empujan la nafta por encima de los $2.000 a $2.300 el litro), la ventaja insular ya no alcanza a amortiguar el impacto. A diferencia del automovilista del Área Metropolitana de Buenos Aires —que si sube la nafta puede subirse al subte, al tren o a alguna de las tantas líneas de colectivo—, en Tierra del Fuego el vehículo particular no es un lujo ni un capricho: es una necesidad básica de supervivencia para desplazarse, congelarse menos en la parada y conectar el territorio.

​Con este nuevo ajuste de octubre, el cálculo es simple: cada ida y vuelta entre Río Grande y Ushuaia se transforma en una porción importante del presupuesto familiar. La sensación que queda en la calle es que los retoques impositivos y de alineación de precios internacionales siguen su curso sin tener muy en cuenta la realidad geográfica de quienes vivimos del otro lado del Estrecho de Magallanes. Quedará ver hasta dónde llega el techo, pero por ahora, apretar el acelerador sale cada vez más caro.

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