


¿Qué es la Tormenta de Santa Rosa, la creencia religiosa que se transformó en un fenómeno meteorológico?
Actualidad31/08/2025




Los 30 de agosto de cada año, la Iglesia Católica conmemora el día de Santa Rosa, la primera santa de América y patrona de Perú, cuya devoción se extendió a gran parte de América Latina. Con esta fecha también aparece una tradición muy arraigada: la llamada Tormenta de Santa Rosa.


Según la creencia popular, en los días cercanos a la celebración suele desatarse fuertes precipitaciones, especialmente en la región del Río de la Plata. El mito se origina en 1615, cuando la ciudad de Lima se salvó de un ataque de piratas holandeses gracias a una repentina tormenta que, según la leyenda, fue respuesta a las oraciones de Isabel Flores de Oliva, luego canonizada como Santa Rosa de Lima. Desde entonces, cualquier temporal alrededor de esa fecha se asocia con la Tormenta de Santa Rosa.
Más allá de la tradición, la ciencia ofrece explicaciones claras sobre este fenómeno que sucede a fines de agosto. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) sostiene que en esta época se incrementan las probabilidades de tormentas en el centro y este de Argentina, así como en Uruguay. Esto se debe a que comienza a ingresar aire húmedo desde el norte, que al combinarse con los frentes fríos todavía frecuentes en esta época, genera condiciones de fuerte inestabilidad atmosférica, generando esta coincidencia entre la ciencia y la creencia.
La Tormenta de Santa Rosa suele llegar entre fines de agosto y principios de septiembre.
El SMN también aclara que, aunque popularmente se espera que la Tormenta de Santa Rosa sea excepcional, no siempre se cumple esa premisa. Para analizar la cuestión, el Observatorio Central de Buenos Aires revisó más de un siglo de registros climáticos y detectaron que en el 57 % de los años hubo tormentas entre el 25 de agosto y el 4 de septiembre, aunque no todas estuvieron acompañadas de lluvias intensas.
Desde el punto de vista meteorológico, las tormentas se forman cuando grandes nubes de tipo cumulonimbus concentran corrientes de aire frío y cálido, hielo y granizo. Estas nubes generan descargas eléctricas que se manifiestan en rayos y truenos, además de chaparrones intensos y vientos fuertes. Su presencia a fines de agosto responde a la transición hacia la primavera, un período en el que la atmósfera del sur de Sudamérica atraviesa cambios en su circulación general, propiciando fenómenos más frecuentes.













