


OPINIÓN | La ilusión estratégica de las Malvinas: los riesgos de ceder antes de recuperar
Opinion07/08/2026 Por Dihcar Labina

El reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas ha sido, históricamente, uno de los pocos consensos transversales de la política exterior argentina. Sin embargo, las recientes declaraciones del presidente Javier Milei —al no descartar la instalación de una base militar de Estados Unidos en el archipiélago a cambio del respaldo de Washington a la posición nacional— marcan un punto de inflexión riesgoso.
Pretender convertir la soberanía del Atlántico Sur en una ficha de cambio dentro del juego de las grandes potencias no solo es jurídicamente inviable en el corto plazo, sino geopolíticamente ingenuo.
La premisa presidencial, según lo manifestado en un reportaje en Radio Mitre el 03 de agosto, sostiene que el alineamiento automático con la Casa Blanca y la oferta implícita de control sobre el paso interoceánico Atlántico-Pacífico funcionarán como la "llave" para destrabar el conflicto. Pero esta visión pasa por alto dos realidades geopolíticas insoslayables.
En primer lugar, la alianza inquebrantable entre Washington y Londres. Las Islas Malvinas ya albergan una de las fortalezas militares más importantes de la OTAN en el hemisferio sur: la Base Aérea de Monte Agradable. Creer que Estados Unidos forzará a su principal aliado estratégico global a ceder soberanía para reemplazar un enclave militar británico por uno propio —o compartido con Argentina— equivale a confundir la cordialidad ideológica con una reconfiguración del mapa del Atlántico Sur.
En segundo lugar, el concepto mismo de soberanía. Si la recuperación del territorio dependiera de conceder el uso militar a una potencia extranjera para satisfacer sus necesidades de control oceánico, la Argentina no estaría recuperando el ejercicio pleno de su integridad territorial, sino delegando su custodia. Intercambiar la presencia británica por una tutela militar estadounidense desvirtúa la causa constitucional de la soberanía plena y pacífica.
A esta narrativa se suma la persistente sobreestimación de las resoluciones internacionales, sugiriendo que la ONU ha "obligado" al Reino Unido a negociar por gestiones recientes. La realidad diplomática es más severa: la Resolución 2065 de 1965 y las sucesivas declaraciones del Comité de Descolonización son llamadas al diálogo multilateral, pero carecen de mecanismos coercitivos. Sin una voluntad explícita de Londres —que hoy no existe—, los discursos no sustituyen a la diplomacia de Estado sostenida en el tiempo.
El Atlántico Sur y la proyección antártica son áreas de vital importancia económica, científica y estratégica para las futuras generaciones de argentinos. Buscar el apoyo de actores internacionales es indispensable, pero basar la estrategia de soberanía en la cesión preventiva de soberanía militar a un tercero confunde la diplomacia inteligente con el pragmatismo sin brújula.
La causa Malvinas exige una política de Estado seria, coherente y basada en el Derecho Internacional, no una subasta geopolítica.
Por lo menos, así lo veo yo... CONTINUARÁ...


Te puede interesar


OPINIÓN | El futuro no se espera, se diseña... "Que Provincia queremos"...
Por Dihcar Labina y muchos más...
Opinion03/08/2026

OPINIÓN | Que se contagie al resto del país: ¡A rodar se ha dicho!
Por Dihcar Labina
Opinion02/08/2026
OPINIÓN | De la fórmula triunfal al divorcio político: El ultimátum a la Vicepresidenta
Por Dihcar Labina
Opinion31/07/2026













Lo más visto

Río Grande: La Escuela de Emprendedores incorpora formación en IA
Redacción P24
Tierra del Fuego06/08/2026

ANÁLISIS | Milei no descartó una base de EE. UU. a cambio de apoyo en el reclamo de soberanía
Por Dihcar Labina
Actualidad06/08/2026




