CARTA DE LECTORES | ¿Cuando vamos a festejar por la Argentina?

Opinion05/11/2026 Por Juan Carlos Arcando

Señor Director:

¿Cuándo vamos a dejar de mirar el ombligo ajeno y hacernos cargo de lo que pasa en nuestra propia casa?

El triunfo demócrata en Estados Unidos volvió a despertar entre algunos argentinos una pasión que merece una reflexión. Unos festejan la llamada “ola azul” como una victoria propia; otros, identificados con Donald Trump y los republicanos, la viven como una derrota personal. Con las elecciones de Brasil y el triunfo de Lula hemos visto escenas parecidas.

Mientras tanto, la Argentina sigue esperando.

No cuestiono que cada ciudadano tenga preferencias ni desconozco que las decisiones de otros países afectan nuestra economía. Cuestiono que una parte de nuestra dirigencia convierta cada elección extranjera en otro capítulo de la disputa doméstica, mientras posterga las respuestas que debe darles a los argentinos.

Muchos de los que hoy festejan y muchos de los que hoy se sienten derrotados han acompañado, integrado o defendido gobiernos que no lograron resolver nuestros problemas estructurales. Unos y otros deberían explicar sus resultados antes de dar lecciones sobre los triunfos ajenos.

El estancamiento argentino no empezó ayer y sus responsabilidades no pertenecen a un solo sector. Cambian los nombres, las consignas y las alianzas, pero seguimos discutiendo cómo empezar de nuevo. Ningún país puede construir su futuro si cada gobierno considera una obligación borrar todo lo que hizo el anterior.

Necesitamos políticas de Estado; acuerdos que sobrevivan a los mandatos y compromisos que se cumplan aunque cambie el color político del gobierno. Educación, producción, trabajo, estabilidad económica, infraestructura, defensa y soberanía no pueden quedar sometidos a la conveniencia electoral del momento.

La experiencia regional también merece una mirada seria. Chile ha atravesado alternancias entre gobiernos de distinto signo, con continuidades y cambios. Perú ha sufrido profundas crisis políticas sin que cada relevo presidencial significara reemplazar por completo su marco económico. Ninguno es un modelo perfecto, pero esas experiencias nos obligan a preguntarnos por qué a nosotros nos cuesta tanto sostener acuerdos básicos.

Y cuando discutimos sobre Estados Unidos, conviene recordar nuestra propia historia.

Durante la Batalla de Malvinas, en 1982, gobernaba el republicano Ronald Reagan. Su administración respaldó al Reino Unido e impuso sanciones a la Argentina. Pero tampoco corresponde presentar al Partido Demócrata como un bloque comprometido con nuestra posición; hubo referentes demócratas, entre ellos el entonces senador Joseph Biden, que impulsaron iniciativas favorables a la retirada argentina y al respaldo a Gran Bretaña.

Las actuaciones de aquellos legisladores y las decisiones del gobierno de Reagan tuvieron alcances diferentes. Reconocer esa diferencia es necesario para hablar con rigor. Pero la enseñanza política permanece, “las simpatías partidarias de los argentinos no garantizan que Washington defienda los intereses argentinos”.

Estados Unidos tiene sus prioridades. Nosotros tenemos la obligación de definir y defender las nuestras.

No esperemos que un cambio de partido en la Casa Blanca resuelva lo que nuestra propia dirigencia no ha sabido resolver. La Argentina será más fuerte cuando tenga gobiernos que dialoguen, actúen con firmeza y negocien ante el mundo desde un proyecto nacional sostenido en el tiempo.

La moderación exige responsabilidad. Dialogar exige escuchar y acordar. Defender al país exige saber qué intereses estamos dispuestos a sostener, gobierne quien gobierne.

Tenemos recursos, capacidad de trabajo, talento y oportunidades. Lo que seguimos debiendo es una conducción capaz de transformar esas posibilidades en bienestar para nuestra gente.

La grieta ha servido demasiado para justificar fracasos y demasiado poco para resolver problemas. Quienes hemos tenido responsabilidades públicas también debemos asumir lo que nos corresponde. Nadie puede reclamar una renovación de la política colocándose siempre fuera de sus errores.

Ni quienes gobiernan hoy ni quienes lo hicieron antes han dado respuestas a la altura de lo que la Argentina necesita. Esa deuda abre una pregunta que la dirigencia debería escuchar: ¿no habrá llegado el momento de una alternativa moderada, con capacidad de diálogo y decisión, que pueda construir acuerdos sin quedar atrapada en ninguno de los extremos de la grieta?

Tal vez el cansancio con las mismas confrontaciones esté abriendo espacio para una esperanza diferente, que aparezcan dirigentes capaces de convocar, reunir y ofrecer un rumbo creíble. Una alternativa que encuentre su fortaleza en la capacidad de sacar al país adelante y que entienda que gobernar exige mucho más que derrotar al adversario.

Festejemos cuando crezca la Argentina. Cuando el trabajo alcance para vivir dignamente. Cuando nuestros jóvenes puedan proyectar su futuro aquí. Cuando un gobierno continúe una buena política de su antecesor sin sentir que por eso pierde una batalla partidaria.

El triunfo que nos debe convocar es el de la Argentina. Y ese triunfo sigue siendo una deuda de todos nosotros.

 

Juan Carlos Arcando

Gobernador (MC)

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